“Déjame que te cuente.
Ahora que aún perdura el recuerdo.
Ahora que aún se mece en un sueño”

por Iñaki Léonard
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Mamá

Hola Mamá,

Sé que esto es totalmente contrario a mi estricta puntualidad, esta carta llega demasiado tarde y no tendrá respuesta.

Te marchaste hace ya demasiado tiempo, demasiado pronto y con mucho sufrimiento por una desgraciada enfermedad que todos, aunque no queríamos, sabíamos que te nos iba a arrebatar más temprano que tarde.

Pese a mi corta edad y viendo todo tu sufrimiento, creo que la vida te dio una prórroga que no debía haberte concedido.

No hay día que algo no me recuerde a ti, una comida, una canción, un viejo anuncio de Jabones La Toja o de Heno de Pravia, parece mentira la memoria que tenemos para algunas cosas tan lejanas en el tiempo y a menudo olvidamos cosas que hemos hecho ese mismo día.

Sí, me reconozco un niño enmadrado, tal vez no muy cariñoso, pero siempre pegado a tus faldas, no sé por qué muchos de mis recuerdos son en la cocina de casa, robándote a escondidas algunas de las montañas de filloas que hacías “para toda la tropa”, me veías perfectamente, pero no decías nada, disfrutabas de mis pillerías y de mi compañía.

Otro de los momentos inolvidables eran las horas de televisión, viendo el mítico “un, dos, tres”, tú te dormías, pero cuando te decíamos algo enseguida te recolocabas las gafas y respondías “lo estoy viendo”

En su día no derrame demasiadas lágrimas cuando nos dejaste, creo que nunca he querido reconocer que llego el final del camino, te reconozco que hoy en día a veces se me cae alguna lágrima y también alguna sonrisa como si todavía estuvieras entre nosotros.

La despedida no hace falta, no habrá besos en la mejilla, ni “Jazmines en el pelo y rosas en la cara”, pero ahí estas tú.

Tú ya intuías que pese a que te acompañase todos los domingos a la Iglesia, sabías que lo hacía más por el chocolate con churros de después que por mis creencias, ya desde muy pequeño, se veía que iba a ser una oveja descarrilada.

Por lo tanto sigo sin creer en él más allá, ni en cielos, ni en historias, creo firmemente en los sentimientos y puedo cerrar los ojos, sonreír, amar la vida que tengo y saber qué esto es lo que a ti más te gustaría.

No sé si tengo muchas más palabras que añadir a este relato que encierra una mezcla de amor y tristeza, es más no sé si tendría que haberlo escrito o si ni siquiera acaba aquí.

Cualquiera perdida física acaba en una colección de incalculables tesoros que nos acompañarán toda la vida, porque nunca hay una perdida mientras mantengamos la memoria, mi corazón puede estar vacío porque ya no te tengo o tremendamente lleno de amor por todo lo que me diste.

Te echo de menos.

P.D. No sé si acabo de cerrar una puerta o de abrir una ventana.

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1 Comentarios

Marcelo 30 de octubre de 2021 - 19:40

Este tipo de cartas siempre tiene respuesta, notarás que algo ha cambiado en tu interior apenas acabes de enviarla. Nadie puede asegurar que llegue o no a su destino.

El rocío se evapora
y todo nuestro mundo es rocío
tan querido, tan fresco, tan fugaz.

Kobayashi Issa

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