Reflexión personal

por Iñaki Léonard
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Personal

Pese a dedicarme a intentar despertar emociones a los demás, soy muy poco dado a compartir las mías personales, quizás por un pudor mal entendido o porque siempre he pensado que los demonios particulares son solo para uno mismo.

Poca gente conoce que sufro, una de esas enfermedades raras, a la que no encuentran solución, que me provoca un dolor diario altamente incapacitante, pero no soy un caso único y creo que mi testimonio puede ayudar a muchas de las personas que como yo está pasando por situaciones parecidas.

Anoche pensé que flotaba en el espacio. Me sentía sin peso, libre y en paz. Entonces me di cuenta de que mis pies tocaban el suelo, pero no había nada debajo de ellos. Estaban colgando en el espacio vacío. Y supe que si no encontraba pronto algo a lo que agarrarme, caería para siempre en el abismo de la desesperación.

Pero, ¿y si hubiera una forma de superar el dolor? ¿Y si pudiera encontrar una manera de dejar de lado mis luchas y vivir mejor vida?

Yo creo que se puede, y creo he descubierto cómo.

Comienza con el amor. El amor de los que me rodean puede reconfortarme cuando más lo necesito. Es lo que puede ayudarme a sanar cuando rompo a llorar porque no veo una salida. 

El amor es lo que hace que nuestro corazón palpite cuando alguien nos coge de la mano y nos dice “tranquilo, estoy aquí”, o incluso cuando simplemente nos envían un mensaje de texto para decirnos «¿Cómo estás hoy?» El amor es lo que nos hace sentir que nuestra vida merece la pena, porque hay alguien más ahí fuera que también lo piensa y hace de tu dolor su propio sufrimiento.

Continúa con pedir ayuda, hay profesionales en la medicina que nos pueden ayudar mucho a superar momentos en los que creemos que ya nada tiene sentido, yo estoy yendo a un psicólogo y no lo oculto, me ayuda a ordenar y saber gestionar momentos en que literalmente “lo mandaría todo a la mierda”

Dejemos ya de una puñetera vez de estigmatizar a las personas que recurren a profesionales para pedir ayuda, es muy necesario y os aseguro que muchas veces gratificantes, aunque salgas a menudo de la consulta literalmente roto por dentro.

Y finaliza con no tirar nunca la toalla, no, no pienso rendirme, sería lo más fácil, os lo aseguro, pero mirar a vuestro alrededor, ¿cuánta gente hay por la que daríais vuestra vida?, pensarlo… ese es el gran motivo por el que seguir luchando día a día.

Mi asignatura pendiente:
El amor hay que devolverlo a los demás, e incluso a nosotros mismos. Cuando consiga devolver todo lo que los demás me han dado, el dolor, aunque no desaparecerá, pasara a un segundo plano.

«Coge al miedo de la mano y a seguir viviendo, porque hay que vivir hasta el final»

La casa de papel

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